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marie gabrielle. santiago, chile. veinte años. 10 de septiembre. music = life. diseño de vestuario.
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miércoles, 11 de noviembre de 2009
posted at 19:28

¿Qué harías el día en que te des cuenta que ya no puedes seguir fingiendo?
Siempre pensé ser una excelente actriz, que calculaba bien cada gesto, cada sonrisa, ¡Era la dueña de mi propia obra! Dirigía la orquesta tan bien, la entrada de cada sentimiento, el volumen, la suavidad, la delicadeza de cada mirada, todo era tan bien calculado... ¿Qué pasó?

¿Con el tiempo me fui poniendo aburrida? Me he puesto cliché, dejé totalmente la originalidad, ya no invento personajes, ya no invento personalidades, no me craneo historias sobrenaturales pero tan verdaderas para mi, ya no le pongo una pizca de magia a mis palabras y mis dedos escriben cansados, rendidos ante la monotonía del sistema.

No quiero ser una más, pero al fin y al cabo, lo soy. No puedo ser un salmón luchando contra la corriente ni tampoco la oveja perdida del rebaño. Quiero encontrarme, saber que puedo contar conmigo misma. Tomarme un café, arreglarme el vestido y con una sonrisa -verdadera- decir; "Hoy es mi día, no dejare que nadie me haga bajonear".

¿Pero qué pasa?

Algo o alguien me pisotea, tal cual escarabajo en el suelo. Pareciera que yo fuera el mismo Gregorio Samsa, con la manzana podrida en mi espalda; mis piernas que ya no pueden más, mis rodillas -las rotulas, las malditas rotulas- ya ni mi cuerpo soportan.

¿Qué pasó hoy día?

Era un sueño dentro de otro sueño y de otro sueño, la repetición de varios sucesos que desencadenaban tantos misterios -un caso más para Bobby Jackson-, y al intentar descubrir cual era el secreto detrás de la rejita, me di cuenta que de verdad... No había un secreto. Sí, mi mirada de asombro y decepción fue tal, que creo que hasta mi mandíbula se abrió. No quería creerlo. ¡No quería aceptarlo!
Todos vivimos por algo, buscando aquella adrenalina que nos haga seguir vivos, buscando la llama para sentirnos vivos. Sentir que si seguimos, nos lastimaremos, pero ese dolor es tan real, tan real, que ha veces me hace recordar que no estamos soñando y es mi vida la que estoy arriesgando. Y me encanta.
¿Pero cual fue mi decepción? Que ya había llegado al final del camino. Que ya no había nada más que hacer, quería morirme, tomarme muchas pastillas, quedarme dormida en la tina, quizás sentir como la sangre se hacía hilos entres mis dedos. En sí, sentía que estaba cayendo en un agujero negro, sin principio, sin final.

¿Acaso alguien estaba escribiendo una sátira de mi vida?
Como muñeca abandonada, acumulando polvo, ya nadie me usaba, lo único que quería era que me tocaran, que jugaran conmigo, que recordaran que yo también existía, que la única razón del por qué fui echa era para entretener. "Cuando hablas así, parecieras ese tipo de mujeres" Nunca pensé serlo, ni tampoco creo haberlo sido, solamente me dejo amar, mientras que yo amo de vuelta, entrego mi corazón, entrego mi pasión, mis sufrimientos, mis lágrimas y mis risas.



¡CORTE!

Y es que tampoco soy buena haciendo el papel de la niña que lo sufre por todo, utilizada por todos, que el mundo la pisotea, que ya no le ve salida a nada. Pero creo que nunca estaría mal intentarlo.
Estoy feliz, sí, aunque lo antes escrito diga todo lo contrario, pero me gusta jugar a ser otras personas, ponerme en su lugar, destruirme el psiquis con palabras de dolor y odio, sentir que ya no puedo más, que ya nada tiene solución. Y cuando estoy a punto de dar el último paso, revivo, soy la misma de siempre, sonrió, es como si mi alma volviera a mi cuerpo tras un transe.
Creía que mi blog necesitaba un poco de drama tras tantas entradas del empalagoso tema del amor, pero es inevitable, si lo único que hago es pensar en él, porque es el último pensamiento que tengo antes de quedarme dormida y el primero que aparece al despertar. No lo puedo evitar, de verdad, cada vez que sus ojos me miran, sentir en mi interior algo estremecerse.
Por mi que me mire siempre, porque yo quiero mirarlo siempre.