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marie gabrielle. santiago, chile. veinte años. 10 de septiembre. music = life. diseño de vestuario.
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martes, 20 de abril de 2010
posted at 22:55

No recuerda muy bien cómo ni cuando lo conoció, quizás nunca lo había conocido, pero su rostro se le hacía tan familiar, ya llevaban cerca de una hora hablando ¿De qué? Ni ella misma estaba prestando mucha atención, solamente lo veía, respondía monosílabos o con algunas preguntas, dándose cuenta que su manera de conversar, de gestualizar -¿Existía incluso esa palabra?- y hasta su propio físico era muy similar a alguien más. ¿A quien? No recordaba.

Tampoco era muy claro el momento en que se separaron, pero ya había pasado, aquella sensación extraña se había esfumado y ahora podría seguir su vida tranquila. Y así fue. Cada dos días se pintaba las uñas de las manos, asistía con pereza a las clases, conversaba de lo más normal con sus amigas, sin nunca mencionar –ni siquiera se acordaba- de aquel muchacho, de cabellos cortos, ojos dormilones y de una estatura no más allá que la suya.

Pero cuando uno menos espera las cosas, suceden.
Se volvieron a encontrar en el gran auditorio, era tan pequeño el mundo, que de entre más de seiscientas personas que estaban ahí, justo en el momento en que ella se dirigía a los baños, se lo topó. Él la saludo, ella simplemente sonrió levemente.

-Te estaba buscando.

La agarró de la mano y la llevo dentro del auditorio nuevamente, ya habían apagado las luces y un hombre ya entrado en edad hablaba pausadamente. Caminaba apresurada por uno de los cuatro corredores, justo el corredor que recorría era el que estaba al otro extremo de donde estaba su asiento inicial. Empezó a preguntarse cual era la prisa del joven, a donde la llevaría. Iba a hacerle la primera pregunta cuando se detuvo el muchacho -¿Cómo es que se llamaba? ¡Era un total desconocido!- haciendo que chocara un poco su cuerpo con el de él.

-¿Qué vamos a hacer?
-No sé como explicártelo, mejor tomemos asiento aquí.

Lo vio primero sentarse en el suelo, lo más pegado a la pared, acto seguido sacaba un cuaderno y empezó a escribir. Curiosa, se sentó al lado de él, tratando de verle lo que escribía concentradísimo, pero cada tres palabras que escribía, las rayaba, cambiaba de hoja y empezaba de nuevo. Así fue, por unos largos y silenciosos minutos, casi ocho, según la cuenta mental que hizo, ya ni veía lo que trataba de escribir, cuando de repente sintió dos pelotas de papel arrugado en su falda. Las miró con duda, lo miró de vuelta, él simplemente se escondía tras sus manos.

Las abrió y dentro de ellas habían dos poemas escritos, dos poemas con palabras hermosas, con frases que incomodan al corazón, que obviamente, la hicieron sonrojar.

¿Estaría bien lo que haría en estos momentos? Su novio estaba a la otra punta del auditorio, sentado, quizás medio aburrido o a lo mejor dormido. Quizás ni siquiera se había percatado que ella no estaba sentada cerca de él. Volvió a ver a su derecha, en ningún momento el muchacho le había apartado la mirada… Respiró profundamente, ni siquiera contó hasta diez, y puso sus manos suavemente en su cuello, se acerco e hizo que sus labios se tocaran. Tal dulce tacto hizo que se olvidara que estaba siendo infiel en ese preciso momento, sentía que era lo correcto. No recuerda cuanto tiempo estuvieron así, no era un beso apasionado –como los acostumbraba a dar-, pero su corazón latía mil por hora y empezó lentamente a sentirse incomoda, se separó lentamente sin abrir los ojos, espero un par de segundos y cuando los volvió a abrir, él había desaparecido.

¿Qué era lo que acababa de suceder?

Quizás nunca había sucedido, pero dos hojas arrugadas le decían que no había sido un sueño, que de verdad él había estado ahí. ¡Era imposible que hubiera desaparecido sólo en unos segundos! Corrió por el corredor hasta la salida, no lo veía por ninguna parte. No había rastro alguno de aquel ser. Resignada se devolvió a su asiento, su novio la miró y le beso la mejilla, ella… ella no tenía ganas de nada.

Llegó esa noche a su casa, se tiró a su cama y se quedó ahí inmóvil, no tenía apetito, lo único que quería era dormir, se sentía terrible. Lentamente fue olvidando lo que había pasado, sus parpados empezaron a cerrarse y cayó exhausta en el mundo de los sueños.


Volvió a abrir los ojos y se dio cuenta que no estaba en su cuarto, ni siquiera estaba en su casa. Miró a todos lados preocupada, llevaba puesta la ropa que había utilizado para el auditorio. Comenzó a tener frío y se percató que empezaba a amanecer por los claros colores que se pincelaban en el cielo, decidiendo así caminar, dejarse llevar por sus pies, de algún modo u otro encontraría el camino de vuelta a su casa.

Caminó cuadras cuando una casa le llamo la atención, se dirigió hacía ella y tocó la puerta, esperó, nadie le abría, tocó de nuevo, siguió esperando y al ver que nadie venía a su llamado, se dio la media vuelta, pero justo en ese momento, la puerta se abrió silenciosamente y una voz desde los adentros le dijo “¡Espera!”, se volteó a hacia la entrada y lo vio a él, sujetando la puerta, con la respiración un tanto agitada.

-Yo… lo siento, no quería molestar – Musitó.
-¿Estás soñando?
-¿Qué?
-¿Estás durmiendo?

No entendía a lo que se refería, ella estaba allí, parada en su umbral, mirándolo, sintiendo, tenía frío, su vellos estaban erizados y estaba cansada. Obviamente, no estaba soñando, iba a dar su punto de vista cuando bruscamente el joven la hala por la cintura y le besa los labios, se quedó paralizada. ¿Qué era lo que estaba sucediendo entre ambos?

-¡Su-suéltame!
-Quería disfrutar otro beso tuyo, pensé que nunca más te iba a volver a ver.
-¿De qué hablas?
-¿Nunca has sentido que un sueño es lo bastante real? Yo no me lo creí tampoco, pero después de la segunda vez que te volví a ver, me dí cuenta que no estaba equivocado, cuando duermo, te veo a ti, de algún modo u otro, estoy como en un mundo paralelo, en donde te encuentro siempre allí, me desperté de golpe y me empecé a pensar que quizás estábamos conectados en sueños, y comprobé mi teoría, cuando te vi en el auditorio, eras la más bella entre todos los presentes, y me di cuenta que tal belleza sólo era posible en un sueño. ¡Eras mi imaginación! Despertaba y no te encontraba, eras parte de mi subconsciente. Y ahora estás aquí, parada frente a mi puerta, no creo que sea el destino, creo simplemente, que estas durmiendo, sucediéndote ahora a ti, ahora fuiste tú quien me vino a ver…

No entendía, de verdad que no entendía nada de lo que decía ¿Mundos paralelos? ¡Imposible! Lo miró perplejo, él le sonreía, mientras la acercaba cada vez más a su cuerpo. No podía creerlo y no lo iba a hacer. ¡Estaba loco!

-¿Me das un beso?

Lo miró, cerró los ojos y lo besó, sintió nuevamente la sensación extraña y al volver a abrir los ojos, se encontró acostada en su cama, su celular vibrando, indicándole que era hora de levantarse y empezar a arreglarse para ir al colegio.

¿Qué era lo que acababa de suceder? Acaso…



Ese día no fue a clases, se quedó acostada, tratando de quedarse dormida nuevamente, y aunque lo consiguió, vio todo lo que pudo ver pero no a él, aunque pensara concentradamente en el joven, aunque buscara su casa, no lo encontraba.
Quizás fue un simple y extraño sueño… Quizás él estaba en lo correcto.