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marie gabrielle. santiago, chile. veinte años. 10 de septiembre. music = life. diseño de vestuario.
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find me
martes, 22 de mayo de 2012
posted at 23:35

He oído decir que la oración es el acto de hablar con Dios mientras que la meditación es el acto de escuchar. Creo que a mí se me ve a la legua cuál de los dos me resulta más fácil. Podría pasarme la vida largándole a Dios lo que siento y padezco, pero si se trata de estar callada escuchando..., eso ya es otra historia. Si le pido a mi mente que se quede quieta, es sorprendente lo poco que tardará en llegar al (1) aburrimiento, (2) indignación, (3) depresión, (4) ansiedad o (5) todos los anteriores juntos.
Como les sucede a la mayoría de los humanoides, sobrellevo lo que los budistas llaman "la mente del mono", es decir, esos pensamientos que saltan de rama en rama, parando sólo para rascarse, escupir y aullar. Desde el remoto pasado hasta el ignorado futuro mi mente se columpia frenéticamente por los confines del tiempo, abordando docenas de ideas por minuto sin control ni disciplina alguna. Esto es sí no supone necesariamente un problema; el problema es el estado de ánimo que acompaña al pensamiento. Las ideas alegres me ponen de buen humor, pero -¡paf!- de golpe vuelvo a la preocupación obsesiva y estropeo el asunto; y entonces recuerdo un momento de indignación y me vuelvo a acalorar y cabrear; pero entonces mi mente decide que es un buen momento para compadecerse y entonces me siento sola otra vez. Al fin y al cabo somos lo que pensamos. Los sentimientos son esclavos de los pensamientos y uno es esclavo de sus sentimientos.